La agricultura: el peor error en la historia de la Humanidad.

Ese es el título de un famoso artículo de Jared Diamond donde sostiene que el paso de la economía de cazadores recolectores a una economía agraria es la causa de las desigualdades sociales y sexuales que ahora padecemos, así como de muchas enfermedades y del despotismo.
La versión tradicional es que la vida de los cazadores recolectores era bruta, breve, expuestos a hambrunas y que la agricultura proporcionó comida en abundancia así como tiempo libre para algunos individuos para que se dedicaran a otras tareas más creativas como el arte o la ciencia. La agricultura sería la causa de que tengamos el Partenon, literatura o la misa de Bach en Si menor, por ejemplo.

La realidad es que ese retrato es erróneo. Por ejemplo, el estudio de los cazadores recolectores que existían todavía en el siglo XX ,y en la actualidad, indican que disponían de mucho más tiempo libre que los agricultores vecinos y de hace siglos (y, desde luego, que nosotros). El tiempo medio que dedicaban los Bushmen del Kalahari a obtener comida era de 12 a 19 horas semanales. Los Hazda de Tanzania, 14 horas o menos…Cuando le preguntaron a un Bushman por qué no imitaban a las tribus vecinas de agricultores contestó: “¿para qué, si hay tantas nueces mondongo en el mundo?”

Mientras que los agricultores se concentraron en cosechas ricas en carbohidratos como arroz y patatas, la mezcla de plantas salvajes y animales que comen los cazadores recolectores provee más proteínas y un mejor balance de nutrientes. En un estudio, los Bushmen ingerían 2.140 calorías al día y 93 gramos de proteína, considerablemente más que la dosis diaria recomendada. Por otro lado, dado que estos pueblos se alimentan de más de 75 tipos diferentes de plantas salvajes es inconcebible que se murieran de hambre como los cientos de miles de granjeros irlandeses cuando la escasez de las cosechas en los años 1840.

Tenemos evidencia por técnicas recientes de paleopatología de que la salud de los primeros agricultores era también peor que la de los cazadores recolectores. Existen datos con respecto a la altura. En esqueletos de Grecia y Turquía se observa una altura en cazadores recolectores de la edad de hielo de 5´9” en hombres y 5´5” en mujeres. Con la adopción de la agricultura, la altura decayó y en el año 300 antes de nuestra era había bajado a 5´3” para hombres y 5´para las mujeres. Los griegos y turcos actuales no han recuperado todavía la altura de sus ancestros.

Otro ejemplo de estos estudios de paleopatología es la investigación llevada a cabo en enterramientos indios en los valles  de Illinois y Ohio. Comparados con los cazadores recolectores que les precedieron, los granjeros sufrían un 50% de aumento en defectos en el esmalte, indicativo de malnutrición, el cuádruple de deficiencias de hierro (anemia), el triple de defectos óseos por infecciones y un aumento de signos degenerativos en la columna vertebral, probablemente por el aumento del esfuerzo físico. La esperanza de vida en el momento de nacer en la época anterior a la agricultura era de 26 años, pero después de la agricultura era de 19 años.

Existen tres razones para explicar la mala salud que encuentran estos estudios en agricultores. Primero, la dieta variada de los cazadores recolectores, que ya hemos comentado. Hoy en día tres plantas ricas en carbohidratos (arroz, trigo y maíz) proveen la mayor parte de las caloría consumidas por la humanidad. Segundo, al depender de una limitada cantidad de cosechas, si una de estas fallaba llegaba el hambre. Por último, la agricultura llevó a un agrupamiento de la población, a un aumento de densidad, lo que provocó la extensión de los parásitos y el aumento de las enfermedades infecciosas. Cuando las poblaciones humanas eran pequeñas y muy diseminadas no podía haber epidemias. La tuberculosis y las diarreas no aparecieron hasta el surgimiento de la agricultura y la peste o el sarampión hasta que aparecieron las grandes ciudades.

Pero, además de malnutrición, hambre y epidemias, la agricultura trajo otra maldición para la humanidad: la división en clases. Los cazadores recolectores no almacenaban comida, o muy poca, vivían prácticamente al día. Por lo tanto no podía haber reyes ni clases sociales parásitas que vivieran a costa del trabajo y la comida cosechada por otros. Sólo con la agricultura pudo surgir una élite no productiva que, encima, disfrutaba de mejor salud. Esqueletos de las tumbas de Micenas de 1.500 antes de nuestra era muestran que los reyes comían mejor que los plebeyos ya que sus esqueletos eran más altos y sus dientes más sanos. En momias chilenas de año 1.000 de nuestra era, la élite no sólo tenía más ornamentos y objetos de oro, sino que los huesos muestran menos lesiones óseas debidas a enfermedades.

La agricultura aumentó las desigualdades entre los sexos. Las mujeres agricultoras sufrieron presión para tener más hijos que trabajaran en el campo, y este aumento en el número de hijos desgastó su salud; en las momias chilenas se observan más lesiones óseas en mujeres que en hombres. Las mujeres cazadoras-recolectoras tenían hijos cada 3-4 años. Con la agricultura ese plazo se pudo acortar a dos años. Helen Fisher dice que el principal causante de la opresión de las mujeres fue el arado, porque exigía un mayor esfuerzo físico, que sólo podían realizar los hombres, de manera que las mujeres quedaron desvalorizadas y como bestias de carga en muchos casos. También, el cambio económico en general que suponía la agricultura potenció la monogamia. Entre cazadores recolectores, las mujeres habían disfrutado de mucha libertad, eran normales las separaciones o divorcios en un sistema que podemos denominar de monogamia seriada. Como las granjas y los campos no se podían dividir fácilmente, la agricultura demandaba unos matrimonios más estables y las normas culturales y religiosas variaron en el sentido de alabar y potenciar la monogamia.

La conclusión de Diamond es que la agricultura consiguió que unos pocos vivieran mejor, pero que la mayoría viviera peor. Entonces, ¿por qué la gente adoptó la agricultura? Pues básicamente porque la agricultura permitía mantener a más gente, aunque fuera con menos calidad, digamos que se sacrificó la calidad por la cantidad. La densidad de población entre cazadores recolectores raramente sobrepasa una persona por 10 millas cuadradas, mientras que entre agricultores se llega a 100 veces esa cifra. Se alimentan más bocas con la agricultura, y en evolución esa es al final la moneda en que se mide todo: los que dejan más descendencia desplazan a los que dejan menos.

Lógicamente, esta es la visión de Diamond, pero otros autores no están de acuerdo y probablemente la verdad, como casi siempre, se encuentre en un punto intermedio, pero está bien desafiar el discurso tradicional y fijarnos en la otra cara de la moneda. Recientemente, acaban de publicarse unos estudios que indican que la aparición de las desigualdades sociales son anteriores a la agricultura.

En cualquier caso, siempre me ha llamado la atención que cuando ciertos grupos o ideologías critican nuestro sistema de vida actual (la economía capitalista, etc.), siempre suelen plantear como alternativa a la misma comunidades agrarias de un tipo u otro, como si ese fuera el estado natural del ser humano. Como explica Jared Diamond, si  ilustráramos nuestra historia ancestral con un reloj en el que cada hora representara 100.000 años y la historia del hombre empezara a medianoche, estaríamos ahora al final del primer día. Habríamos vivido como cazadores recolectores todo el día y sólo al final del mismo, a las 23:54 habríamos adoptado la agricultura. Si existe un estado natural del ser humano, en el que se ha producido la mayor parte de nuestra evolución como especie, es el de cazadores recolectores.