Una crítica, no un programa: por una crítica no-primitivista contra la civilización

Nota: En este texto se habla constantemente del primitivismo como un “programa”. Este término hace relación a la instalación de un modelo de sociedad. Para nosotros el “programa” tiene más un contenido negativo, por ejemplo el programa del proletariado es la destrucción de las condiciones que hacen posible su existencia como tal: la mercancía, el Estado, el trabajo asalariado, etc.

Una crítica, no un programa: por una crítica no-primitivista contra la civilización

(Texto escrito por Wolfi Landstreicher para un encuentro Anti-Civilización durante el 2007 cerca de Barcelona. Extraído de The Anarchist Library. Traducido porColumna Negra)

Así el anarquista individualista, como digo, no tiene nada que esperar (…) Yo ya me considero un anarquista y no podría esperar a la revolución colectiva para rebelarme o al comunismo para obtener mi libertad.

Renzo Novatore

Concibo el anarquismo desde el lado de la destrucción. Esto es en lo que consiste su lógica aristocrática. Destrucción! ahí está la belleza real del anarquismo. Quiero destruir todas las cosas que me esclavizan, que me enervan y reprimen mis deseos, quiero dejarlas tras de mi como cadáveres. Remordimientos, escrúpulos, conciencia, son cosas que mi espíritu iconoclasta ha destruído (…) Sí, la negación iconoclasta es más práctica.

Armando Diluvi

En primer lugar, no hay nada inherentemente primitivista en una crítica de la civilización, particularmente si esa crítica es anarquista y revolucionaria. Tales críticas han existido casi tanto como ha existido un movimiento anarquista auto-conciente- y no siempre conectadas a una crítica de la tecnología o el progreso (Dejacque sintió que ciertos desarrollos tecnológicos permitirían a los seres humanos ir más facilmente más allá de la civilización; por otra parte, Enrico Arrigoni, alias Frank Brand, vió la civilización y la tecnología industrial como bloques que impiden el progreso humano real). La verdadera pregunta, en mi opinión, es si el primitivismo constituye alguna ayuda a una crítica anarquista y revolucionaria de la civilización.

La palabra primitivismo puede significar dos cosas bastante diferentes. Primero, puede simplemente significar hacer uso de lo que sabemos sobre las sociedades “primitivas”(1) para criticar la civilización. Esta forma de primitivismo parece relativamente inofensiva. Pero ¿lo es? Dejando aparte la crítica obvia a la dependencia en esos expertos llamados antropólogos para la información sobre sociedades “primitivas”, hay aquí otro problema. Las sociedades actuales que llamamos “primitivas” fueron y, donde siguen existiendo son, relaciones vivas entre humanos reales, vivos, respirando, individuos desarrollando sus interacciones con el mundo a su alrededor. La capacidad de concebirlos como un modelo para la comparación ya implica una cosificación de estas relaciones vividas, transformándolas en una cosa abstracta -el “primitivo”- una imagen idealizada de “primitividad”. Así, el uso de este método para criticar la civilización deshumaniza y desindividualiza las personas reales que viven o han vivido estas relaciones. Además, este tipo de crítica no ofrece ninguna herramienta real para figurarnos cómo combatir contra la civilización aquí y ahora. A lo sumo, la concepción abstracta, reificada de lo “primitivo” se convierte en un modelo, un programa para una posible sociedad futura.

Esto me lleva al segundo significado de primitivismo -la idea que la sociedad “primitiva” ofrece un modelo para la sociedad del futuro. Los adherentes a esta forma de primitivismo pueden ser correctamente llamados primitivistas, porque, aunque muchos de ellos lo puedan negar, están promoviendo un programa y una ideología. De esta forma, considero que el primitivismo está en conflicto con la práctica y el pensamiento anárquicos. La razón puede encontrarse en la cita de Novatore arriba. Basta con sustituir “comunismo” por “primitivismo” y “revolución colectiva” por “colapso industrial” y todo debería estar bastante claro. Como lo veo, una de las diferencias más importantes entre el marxismo y el anarquismo es que el último no es esencialmente una visión escatológica de un futuro para el que esperamos, sino un camino para enfrentar el mundo aquí y ahora. Así, la revolución para los anarquistas no es, además, algo que el proceso histórico garantice para el futuro, sino algo para vivir y crear aquí y ahora. El primitivismo no es más vivible ahora que el comunismo de los marxistas. Es también un programa para el futuro, y uno que depende de contingencias que están más allá para llevar a cabo. Por lo tanto, no tiene más que ver con la práctica anarquista que con la escatología de Marx.

Ya he señalado como el propio concepto de “primitivo” cosifica las vidas y relaciones reales de aquellos que reciben esta etiqueta. Esto se manifiesta entre primitivistas que buscan practicar su ideología ahora en la forma en que esta práctica termina siendo definida. De una manera demasiado reminiscente del marxismo, la vida “primitiva” es reducida a la necesidad económica, a un conjunto de habilidades -hacer fuejo con un arco taladro, cazar con un atlatl, aprendiendo las plantas silvestres comestibles y medicinales, hacer un arco, hacer refugios simples, etc., etc., – que hay que aprender para sobrevivir. Esto puede ser condimentado con una pizca de conceptos de espiritualidad natural aprendidos de un libro o prestados de mierda new age quizás refiriéndose a un retorno a una “unidad natural”. Pero lo último no es considerado necesario. La totalidad de la vida de las personas etiquetadas como “primitivas” es ignorada, ya que es en gran parte desconocida y completamente inaccesible a aquellos que nacieron y se criaron en la civilización capitalista industrial que ahora domina el mundo -y eso incluye a quienes nos hemos involucrado en el desarrollo de una crítica anarquista de la civilización. Pero incluso si sólo se consideran meras habilidades de supervivencia, el hecho es que incluso en los Estados Unidos y Canadá, donde hay áreas silvestres reales y extensas (aunque bastante deterioradas), muy pocas personas podrían mantenerse de esta manera. Así que aquellos que aprenden esas habilidades con la idea de vivir realmente como “primitivos” durante su propia vida no están pensando en la destrucción de la civilización (excepto posiblemente como un futuro inevitable, circunstancia para la cual ellos creen estar preparados), sino que escapan de ella. No les encaro esto, pero no tiene nada que ver con la anarquía o con una crítica a la civilización. A un nivel práctico se parece mucho más a una forma avanzada de “jugar al Indio”, como muchos de nosotros en los EE.UU. hizo cuando cuando eran niños y, en realidad, se toma eso en serio. Casi todas las personas que conozco que han asumido el desarrollo de habilidades “primitivas” bajo el nombre de “anarco-primitivismo”, muestran cuán listos están para una vida tal por la cantidad de tiempo gastado en computadores montando páginas web, tomando parte en discusiones en internet, publicando blogs, etc., etc. Frecuentemente ellos me parecen niños hiper-civilizados jugando juegos de rol en los bosques antes que anarquistas en proceso de descivilizarse.

Una crítica anarquista y revolucionaria de la civilización no empieza de ninguna comparación a otras sociedades o a cualquier ideal futuro. Empieza desde mi confrontación, desde tu confrontación, con la realidad inmediata de nuestras vidas aquí y ahora. Es el reconocimiento de que la totalidad de las relaciones sociales que llamamos civilización sólo pueden existir robando nuestras vidas y reduciéndolas a pedazos que el orden dominante puede usar para su propia reproducción. Esto no es un proceso realizado de una vez para siempre en el pasado lejano, sino algo que ocurre constantemente a cada momento. Esto es donde la forma anarquista de concebir la vida entra en juego. En cada momento necesitamos intentar determinar como captar de nuevo la totalidad de nuestra propia vida para usarla contra la totalidad de la civilización. Así, como dijo Armando Diluvi, nuestro anarquismo es esencialmente destructivo. Como tal no necesita modelos o programas incluyendo aquellos del primitivismo. Como un viejo, muerto y barbón clacisista del anarquismo dijo “La pasión por la destrucción es también la pasión creadora”. Y una que puede ser puesta en práctica inmediatamente. (Otro revolucionario anti-autoritario muerto de una o dos generaciones espues llamó destrucción apasionada “al modo de entender la alegría de inmediato”).

Habiendo dicho esto, yo no estoy contra imaginar de broma posibles mundos descivilizados. Pero para que tales imaginaciones sean realmente divertidas y tengan un potencial experimental, no pueden ser modelos elaborados a partir de concepciones abstractas de cualquiera de las sociedades del pasado o el futuro. De hecho, en mi opinión, es mejor dejar atrás el concepto de “sociedad” y más bien pensar en términos de cambio perpetuo, entretejiendo relaciones entre individuos únicos, deseantes. Dicho esto, sólo podemos jugar y experimentar ahora, donde nuestro deseo por lo aparentemente “imposible” se topa con la realidad a nuestro alrededor. Si la civilización fuera a ser desmantelada durante nuestras vidas, no estaríamos frente a un mundo de bosques frondosos y llanuras y esiertos sanos llenos de abundante vida silvestre. En lugar de esto nos enfrentaríamos con un mundo lleno de los restos de la civilización -edificios abandonados, herramientas, basura, etc., etc. (2) Imaginaciones que no estén encadenadas al realismo o a una moral ideológica primitivista podrían hallar muchas formas de usar, explorar y jugar con todo esto -las posibilidades son casi infinitas. Más importante, esta es una posibilidad inmediata, y una que puede ser explícitamente conectada con un ataque destructivo contra la civilización. Y esta inmediatez es absolutamente esencial, porque yo estoy viviendo ahora, tú estás viviendo ahora, no dentro de varios cientos de años, cuando se cumpla un programa dirigido hacia un ideal primitivista que pueda ser capaz de crear un mundo donde este ideal pueda ser realizado globalmente -si los primitivistas tienen su revolución ahora y cumplen su programa. Afortunadamente ningún primitivista parece dispuesto a querer apuntar por tales medidas revolucionarias autoritarias, prefiriendo confiar en una especie de transformación cuasi-mística para lograr su sueño (quizás cono la visión de la religión nativa americana de la danza de los espíritus, donde el paisaje construído por los invasores europeos se suponía sería arrasado dejando un paisaje prístino, salvaje, lleno de abundante vida).

Por esta razón, puede ser un poco injusto llamar la visión primitivista un programa (aunque, desde que no uso valores burgueses, me importa una mierda ser injusto…). Quizás porque es más un anhelo. Cuando traigo a colación algunas de estas preguntas con primitivistas que conozco, ellos frecuentemente dicen que la visión primitivista refleja sus “deseos”. Bien, yo tengo un concepto diferente para deseo que el que ellos tienen. “Deseos” basados en imágenes abstractas y cosificadas -en este caso la imagen de lo “primitivo”- son los fantasmas del deseo (3) que empujan el consumo de mercancías. Esto es manifiesto explícitamente entre algunos primitivistas, no sólo en el consumo de libros de varios teóricos del primitivismo, sino que en el dinero y/o el tiempo de trabajo gastado en adquirir las llamadas habilidades “primitivas” en escuelas especializadas en esto. (4) Pero este fantasma del deseo, este anhelo por una imagen que no tiene conexión alguna con la realidad, no es un deseo verdadero, porque el objeto de deseo verdadero no es una imagen abstracta sobre la cual uno se enfoca -una imagen que uno puede comprar. Es descubierta a través de la actividad y las relaciones con el mundo aquí y ahora. El deseo, como lo concibo, es de hecho la unidad de actuar, de relacionarse, de crear. En este sentido, su objeto sólo llega a existir en el cumplimiento del deseo, en su realización. Esto nuevamente apunta a la necesidad de la inmediatez. Y es sólo en este sentido que el deseo se convierte en enemigo de la civilización en la que vivimos, la civilización cuya existencia está basada en el intento de cosificar todas las relaciones y actividades, de transformarlas en cosas que están encima nuestro y nos definen, de identificarlas, institucionalizarlas y mercantilizarlas. Así, el deseo, como unidad más que como anhelo, actúa de inmediato atacando todo lo que impide su movimiento con fuerza. Descubre sus objetos en el mundo a su alrededor, no como una cosa abstracta sino como relaciones activas. Esto es porque tiene que atacar las relaciones institucionalizadas que congelan la actividad en la rutina, el protocolo, la costumbre y el hábito -en cosas para hacer en orden. Considera esto en términos de lo que actividades como ocupar, expropiar, usar el tiempo de trabajo de uno para sí mismo, hacer graffitis, etc., etc. puedan significar, y como se relacionan con una actividad más explícitamente destructiva.

En última instancia, si imaginamos desmantelar la civilización, destruirla activa y concientemente, no para a instituir un programa o realizar una visión específica, sino que para abrir y expandir sin fin las posibilidades para realizarnos y explorar nuestras capacidades y deseos, entonces podemos empezar a hacerlo de la manera en que vivimos aquí y ahora contra el orden existente. Si en lugar de la esperanza de un paraíso nos aferramos a la vida, la alegría y al asombro ahora, estaremos viviendo en una auténtica crítica anárquica de la civilización que no tiene nada que ver con ninguna imagen de lo “primitivo”, sino más bien con nuestra necesidad inmediata de no ser ya domesticados, con nuestra necesidad de ser únicos, no identidades definidas, domadas y controladas. Entonces siempre hallaremos caminos para aferrarnos a todo lo que podamos hacer por nuestra cuenta y destruir todo lo que busca conquistarnos.

Notas:

(1) El uso del término “primitivo” -que significa “primero” o “anterior”- para sociedades que han existido en tiempos modernos sin desarrollar civilización acarrea ciertos supuestos cuestionables. ¿Cómo pueden sociedades que existen ahora ser llamadas “primeras” o “anteriores”? ¿Aparecieron justo ahora? En un mundo que está en constante flujo ¿han podido de alguna manera permanecer estáticas e inmutables? ¿El desarrollo humano sólo puede ocurrir de un modo -como desarrollo de la civilización? Aparte, ¿cuál de estas sociedades es la genuinamente “primitiva”? Ciertamente no son todas iguales, o incluso similares. La homogeneidad es un rasgo de la civilización, no de estas otras realidades sociales. Así que ponerlas a todas en una sola etiqueta es ridículo… Por lo que prefiero poner la palabra “primitivo” entre comillas.

(2) Estoy hablando aquí específicamente de un desmantelamiento conciente, revolucionario, anarquista de la civilización, y no de su colapso. Un colapso podría no ser un evento inmediato, de una-vez-para-siempre. En el proceso de un colapso, no nos encontraríamos sólo con los restos de la civilización. Nos enfrentaríamos con su basura humana viviente en la forma de políticos convertidos en señores de la guerra con el fin de mantener su poder, en posesión de armas extremadamente peligrosas -las llamadas “armas de destrucción masiva”- que usarían probablemente con saña. Los efectos del proceso de colapso serían devastadores más allá de cualquier cosa vista hasta ahora.

(3) El poeta William Blake hablaba de ellos en El matrimonio del cielo y el infierno.

(4) Estas escuelas de alto precio dejan a aquellos que carecen de dinero asistir a cambio de trabajo no remunerado, una forma de explotación eufemísticamente llamada “intercambio de trabajo”, un término inventado por el ala izquierda del new-age -y así, inevitablemente, una carga de mierda diseñada para encubrir relaciones de explotación.