[Texto] Mundo Clausurado. por Marc Badal

La ciudad, desde sus orígenes, se constituye como algo separado y segregado de su entorno. La urbe es un polo que atrae y un foco irradia algún tipo poder (poder militar: la ciudad ciudadela; poder eclesiástico: la ciudad templo; poder político: gobiernos, parlamentos; poder económico: las bolsas, las cities, el mundo financiero). Sin embargo, nos puede pasar un poco más desapercibido que la ciudad también ejerce un poder cultural clarísimo. En la ciudad es donde ha solido recaer el poder para denominar las cosas, para designarlas, para describirlas, para interpretarlas, para hacer que existan o no existan.

Ciudad y campo son dos términos que, como tantos otros, tienden a vaciarse de contenido debido a la cantidad de realidades distintas que quieren designar. Si los tomamos de de forma esquemática se podría pensar que son, en principio, conceptos claramente antagónicos, que se definen por su mutua exclusión. Pero si dejas a un lado estos conceptos ideales y bajas a ras de tierra, es evidente que en todas las épocas de la historia la membrana que separa ambas esferas ha sido muy permeable. Las relaciones han sido múltiples y se han retroalimentado, aunque –desde una reflexión de trazo grueso- se podría decir que la cultura urbana ha colonizado finalmente el conjunto del territorio. En los distintos medios rurales que podamos llegar a conocer identificamos claramente una serie de procesos o tendencias que inequívocamente nos están diciendo que lo urbano ha llegado a todos los rincones:

1) Desde una perspectiva económica en el medio rural hasta hace unas cuantas décadas la esfera productiva y reproductiva eran algo totalmente indesligable. Actualmente, sin embargo, las gentes de los pueblos en su mayoría van de casa al trabajo y del trabajo a casa y como dos ámbitos totalmente separados.

2) Una visión tópica nos diría que en el campo interactuamos mucho más con el entorno por la dependencia que tenemos de los recursos naturales y de los ecosistemas locales, mientras en la ciudad todo nos viene importado y excretamos lo que nos sobra. Sin embargo, en el mundo rural también una tendencia clara a que sean cada vez menos los recursos locales que se utilizan en el entorno cotidiano.

3) La misma cosmovisión o la forma de relacionarse con el mundo en los pequeños pueblos resulta cada vez es más indistinguible de las formas de relación urbanas, en el sentido de que la relación con el mundo proviene en buena medida de un flujo de información común (TV, internet). El mundo, por tanto, no queda tan lejos.

4) La figura de los flâneurs1 rurales. Un flâneur es «un ser indolente y pusilánime que, a diferencia de su homólogo del siglo XIX, difícilmente puede esperar nada intresante o imprevisto de su deriva cotidiana. Desprovisto de una multitud en la que zambullirse y enfrentado a un plano fijo que conoce de memoria, el flâneur rural transita inevitablemente del descanso ocioso al aburrimiento más entumecido»2.

Espacio marginal

El medio rural se configura además como espacio urbano marginal. Esto se da por un lado en un sentido geográfico, por su ubicación en las periferias de las ciudades, como algo que queda fuera. Por otro lado, también es marginal en cuanto a la falta servicios o al agravio comparativo con respecto a la ciudadanía urbana (a que distancia tengo la escuela o el centro de salud, los trámites burocráticos, etc.)

Por otro lado, también es un espacio a disposición de las necesidades o de las veleidades de la ciudad (ej. instalación de nocividades que no se quieren tener en medio de la ciudad), pero también como espacio de ocio donde expandirse o proyectase a uno mismo durante el fin de semana gozando de esa especie de parque temático de paisaje en el que se está convirtiendo lo rural.

Además, el espacio rural (todo esto dicho grosso modo, como tendencia) es culturalmente heterónomo, los pocos rasgos de la cultura local cada vez más se están convirtiendo en una especie de folclore circense al servicio del goce de los visitantes foráneos. El hecho de que las actividades agrarias hayan dejado de ser el eje sobre el cual pivota todo lo social, cultural, económico del territorio hace cambiar la concepción de lo que hasta hace unas décadas era la cultura rural, entendida no tanto como producción de expresiones artísticas o de cultura popular, sino en su sentido más antropológico. En este sentido, la cultura y la actividad agraria eran indesligables. La cultura campesina surgía y vivía de la actividad económico-ecológica cotidiana. Esto es algo que, sin embargo, está desapareciendo de forma masiva hasta en las zonas más rurales más alejadas de los grandes polos urbanos. Es un hecho, por tanto, que las actividades agraria y ganadera son ya minoritarias respecto al sector servicios incluso en las propias zonas rurales.

Abandono y artificialización

La despoblación y el hundimiento demográfico de determinadas zonas (ej. zonas de montaña) es una de las caras a las que ha llevado la modernización y la industrialización agrarias. Una es esta, la de los territorios que se han caído del tren de la modernización y son arrastrados por la rueda del abandono y de la depresión colectiva. La otra cara de la moneda la representan la artificialización y la industrialización de las actividades agrarias3.

Decía el antropólogo francés Pierre Clastres: «El genocidio mata a los pueblos en sus cuerpos y el etnocidio los mata en su espíritu». En el caso del mundo rural podríamos hablar de un etnocidio silencioso.

A mi me interesa relativamente poco todo el tema de las definiciones, de qué es o qué no es un campesino o una campesina. La gente de las universidades durante muchos años han dedicado horas y páginas y páginas a hacer definiciones sobre qué es el campesinado. Hay autores que afirman que hablar de la desaparición del campesinado en Europa sería ofrecer una visión bastante esencialista del concepto de campesino. Abogarían más por afirmar simplemente que lo que los campesinos han hecho es adaptarse a las nuevas situaciones y, desde esta perspectiva, apelarían a la resistencia, al diseño de nuevas estrategias, al conflicto, etc.

Por otro lado, en los entornos agroecológicos se ha puesto bastante de moda el concepto de la recampesinización, sobre todo de la mano del holandés Jan Douwe Van der Ploeg, un autor que es bastante desconocido fuera del entorno agroecológico académico. En este sentido, se habla de recampesinización para referirse a lo que están haciendo los productores ecológicos o del entorno agroecológico o incluso, dentro de lo que la agricultura convencional, a todo lo que es la extensión de los circuitos cortos. En este sentido, recampesinización designaría a toda la batería de propuestas y de proyectos que se plantean desde nuestros entornos para buscar nuevos modelos de desarrollo rural, un poco como bandera y como gancho.

En mi opinión, sin embargo, no hay ninguna duda de que el campesinado ha desaparecido en Europa, y ello ocurre en algún momento del siglo XX. Es cierto que hay gestos, rasgos, dejes, tics o maneras de hacer campesinas todavía hoy en día, en la gente mayor que ha nacido en el mundo campesino, en cómo hacen y entienden el mundo, en las cosas que dicen, podemos detectar un montón de rasgos campesinos, pero esos rasgos proceden de un mundo que ya no existe. Y si ese mundo campesino ha desaparecido es sobre todo por la modernización agraria, no tanto por el despoblamiento.

A mi, por tanto, me cuesta mucho llamar campesinos a gente que ya no vive en ese mundo. Y además de esta realidad que ya ha desaparecido en Europa y de la que hablamos en pasado, es probable que, si tal como van las cosas y no cambian mucho las tendencias, probablemente dentro de unas cuentas décadas se podrá también hablar en pasado sobre el mundo campesino de América Latina, de África y de Asia. Es decir, el proceso de modernización, de industrialización agraria es galopante. Así lo ratifican los datos que van sacando distintas organizaciones y grupos de investigación de referencia. En «Mundo clausurado» comento que en la actualidad y a escala mundial la pequeña producción agraria familiar solo ocupa el 25% de las tierras cultivadas. Esta transformación se da a través de procesos como el acaparamiento de tierras, los grandes monocultivos, etc. En este sentido, quizás uno de los casos más conocidos es el de la denominada República Unida de la Soja (Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina), con un mar de la soja transgénica. Dentro de esta dinámica es posible que en 30, 40 o 50 años hayán desaparecido igualmente muchos mundos campesinos en la periferia.

A la hora de referirme a la gente que trabaja en los modernos entornos rurales, prefiero hablar de agricultores y ganaderos, o de empresarios de distintos perfiles y con más o menos rasgos campesinos para diferenciarlos de los campesinos tradicionales. Es muy probable incluso que si las cosas van por donde parece que van, también éstos irán en descenso, porque la agricultura y la ganadería no solo desaparecen en las tierras que se abandonan, sino que parece que las zonas que más han respondido y están respondiendo al callejón sin salida y a la huida hacia delante de la industrialización de la agricultura, también se encuentran amenazadas.

En esta doble tendencia, las gentes de las zonas que no han sido capaces de mantener el pulso de las exigencias de la competitividad han cerrado la persiana, ya sea para irse a vivir a la ciudad, o para trabajar en el bar del pueblo, o para llevar a turistas a dar vueltas con el caballo, o lo que sea.

En las zonas que están todavía consiguiendo aguantar el tirón, se puede intuir el fin de la agricultura, sobre todo si miramos a alguna de las prácticas más punteras que se están dando en este terreno. Ello hasta el punto de que a esas actividades agrarias cada vez cuesta más denominarlas como agricultura o ganadería, como si el binomio agricultura industrial se hubiera segregado y ya no habláramos de agricultura industrial, sino de una actividad industrial de producción de materias comestibles.

Por ejemplo, si pensamos la agricultura a nivel de metabolismo social, en un ecosistema la energía solar es la fuente neta de energía que reciben las plantas, la cual a través de la fotosíntesis pasa a las cadenas tróficas. La única fuente neta de energía endosomática que existe en la biosfera se da, por tanto, a través de la fotosíntesis. Entonces, en el caso del metabolismo de los ecosistemas humanos la fuente neta de energía era la agricultura en las sociedades tradicionales. Por eso, algunos autores hablan de sociedades de base solar u orgánicas en el sentido energético. Sin embargo, en la actualidad en algunos cultivos de los más tecnificados, en lo que se refiere al balance energético, (cuántas kilocalorías o kilojulios gasto para producir tantas kilocalorías de alimentos), ya se está dando un balance negativo, es decir, se gasta más energía en producir los alimentos que la propia energía que estos proporcionan. Aunque esto no ocurre todavía con todos los alimentos, si esta característica de la agricultura que es la de ser fuente neta de energía del metabolismo social ya se está perdiendo en algunos casos, entonces, ¿a eso se le puede llamar agricultura?

Otra cuestión sería la cuestionar si hoy en día a través de la alimentación se está garantizando nuestro bienestar somático. Sabemos que la principal fuente de ingesta de productos tóxicos en nuestro organismo se produce a través de los alimentos. De esta forma, si hasta hora la agricultura y la ganadería eran actividades cuyo principal objetivo era mantenernos vivos y más o menos a gusto, por no hablar de saludables, nos encontramos con otro rasgo propio de la agricultura que ha entrado en crisis, pasando a ser en buena medida una fuente de enfermedad mental y somática.

La agricultura, la ganadería y la actividad forestal eran el principal vínculo de las sociedades humanas con su territorio. En un contexto de desagrarización vemos que estos procesos ocurren cada vez más dentro de invernaderos, dentro de unos espacios a las que se podría llamar granjas, con silos gigantes y edificios hormigonados con vacas en su interior.

A ello se añade que la actividad agraria ha sido el principal factor de conformación de los paisajes, que tienen un efecto identitario sobre nosotros mismos. Aquí también se produce una ruptura, en el sentido de que hoy no hay ningún tipo de reivindicación vernácula o identitaria frente a un invernadero de Almería o una granja intensiva de pollos en Brasil, con lo que se rompe de esta forma cualquier rasgo de diferenciación que pudiera haber entre los territorios.

Por eso, y para terminar planteo la pregunta de si quizás la agricultura industrial no ha sido una fase de transición entre la agricultura campesina y la producción industrial de materias comestibles para un mundo clausurado.

NOTAS:

1. El término flâneur procede del francés, y significa ‘paseante’, ‘callejero’.​ La palabra flânerie (‘callejeo’, ‘vagabundeo’)​ se refiere a la actividad propia del flâneur: vagar por las calles, callejear sin rumbo, sin objetivo, abierto a todas las vicisitudes y las impresiones que le salen al paso. (fuente: Wikipedia).

2. Cita extraída del artículo: «Escenarios periféricos / Relaciones culturales entre el campo y la ciudad», publicado en la revista «Campo de relámpagos» (accesible en internet).

3. Tema abordado por el autor en «Mundo clausurado», epílogo del libro «Vidas a la intemperie», Ed. Pepitas de Calabaza (2017). (NdE)

[Saint-Nabord, Francia] Ataque a empresa electrica. Muerte al Estado y sus Nocividades

“Muerte al Estado y sus residuos”, seguido de un círculo A.
Es la inscripción encontrada en Saint-Nabord, en el departamento de los Vosgos (este de Francia). Al lado, cuatro vehículos carbonizados. En la madrugada del lunes 23 de julio, los ompañeros, de hecho, han prendido fuego a cuatro camiones ( vehículos especiales) en el aparcamiento de la compañía Boiron.

Boiron se especializa en la construcción de redes de electricidad y telecomunicaciones. En resumen, una empresa importante en el sistema de distribución de electricidad, que en Francia tiene un 77% de origen nuclear.

Recordemos que el Estado francés, a manos de la empresa de gestión de residuos de la producción electronuclear, tiene la intención de construir un vertedero a gran profundidad de estos desechos radiactivos en Bure, en el Meuse (este de Francia). Se enfrenta a cierta oposición, contra este vertedero nuclear y, más en general, contra este mundo nuclear.

Los daños, en Saint-Nabord, ascienden a unos 600,000 euros.

Esperamos que no sean los últimos.

[Alemania] Sentencia de 9 meses para Upiii por defender Hambach

UPiii SENTENCIADE A 9 MESES

Por ahora ya sabéis quién es UPiii. Ha estado secuestrade por el Estado alemán durante cuatro meses y privade de la mayoría de comunicaciones procedentes del mundo exterior. Ha permanecido fuerte y desafiante, no dando su identidad y guardándosela para sí misme, convirtiéndose en un objetivo para la policía y el sistema de justicia.

UPiii vino al bosque para unirse a nuestro encuentro sobre derechos de los animales pero no dudó un segundo en enfrentarse a la policía cuando decidieron entrar al bosque para despejar las barricadas. Es un ejemplo para todes nosotres.

Hoy, ha sido sentenciade a 9 meses de prisión por “ayudar a aquelles que querían dañar a la policía”, una acusación sin precedentes que hace a cualquiera que viva en el bosque cómplice de cualquier acción que sea llevada a cabo por les Hambis. Las declaraciones contradictorias de diferentes agentes de policía y el obvio marco de esta sentencia prueban que el sistema alemán está presionando con más fuerza y más grande que nunca antes. Están deseando hacer lo que sea para encarcelar a cualquiera que se atreva a posicionarse contra la destrucción medioambiental. Todo por el beneficio. Todo por el capitalismo.

Aun por encima, para añadir al enfado, la única razón por la que UPiii no fue liberade hasta el juicio es que no quiso dar su identidad, pero resulta que la policía sabía desde el principio cuáles eran su nombre y país de origen. Se lo callaron y mantuvieron a UPiii encerrade por placer. Sólo para demostrar su capacidad para oprimir.

Desde el colectivo no podemos hacer nada salvo enviar solidaridad a la familia de UPiii y enviar furia, rabia y montones de resistencia a Upiii.

No podemos esperar a tenerte de vuelta.
Hasta entonces, estaremos luchando por ti..

TODOS LOS MADEROS SON UNOS BASTARDOS, TODAS LAS CÁRCELES DEBEN ARDER.
POR LO SALVAJE.

[ANÁLISIS] NI CÁRCELES, NI BANDAS ELECTRÓNICAS: DESTRUYAMOS LA CIUDAD-VIGILADA

extraido de contramadriz:

Políticos-as, policías y urbanistas intentan desde hace tiempo convertir Marsella en una ciudad policial. Pregonando diseñar la “ciudad del futuro”, estos carroñeros querrían hacer una “Safe City” Es decir “una ciudad segura” a los ojos de los ciudadanos de bien (ciudadanos comunes, inversores –oras, turistas, habitantes adinerados –as) Se inspiran en dispositivos vendidos a Méjico pro Thalès o a Chicago por IBM. Facilitada por el conjunto de aparatos de vigilancia y de autofichaje ya presentes (cámaras, redes sociales, etc.) esta gigantesca operación sirve de negocio, de laboratorio y para hacerse valer a un montón de crápulas: desde el oscuro trepa que sueña con penetrar en grupos demasiado vistos, pasando por los socios institucionales (universidades…) a menudo federados en centros de investigación especializados.

Este texto procede de un impulso (un poco) masoquista: buscar en fuentes más o menos dudosas para entender –lo más concretamente posible- lo que se esconde detrás de las palabras vaporosas del poder, y sacar a la luz a algunos de sus fieles colaboradores. Borrar o negar la amenaza que representan estas nuevas tecnologías sería absurdo, pero aceptar a los promotores-as (que tienen tanto interés en hacernos creer en su poder absoluto) está descartado. Nadie niega que estos nuevos instrumentos tengan fallos y disfunciones, a juzgar por los antecedentes. Intentar comprender como los que deciden piensan controlar la ciudad nos parece una etapa indispensable para evitar la fascinación o la parálisis, con el fin de continuar luchando contra esta amenaza mortífera.

Con la esperanza (ingenua) de que esto resulte digerible, hemos escogido posar nuestra mirada en las capas tecnológicas ligadas a la “Smart & Safe” City y no desenrollar toda la maraña que le acompaña: proyectos de reestructuración urbana, equipamiento policial e intensificación de la caza de pobres…Estos diferentes aspectos son por tanto indisociables.

PACA, polo de atracción europea

Antes de mirar más de cerca lo que se perfila en Marsella, parece pertinente hacer un pequeño tour regional empezando por Aix-en Provence, ciudad-clave para diversos sectores de búsqueda.

La Flor d´AMTF (Aix-Marseille French Tech) Le Safe Cluster proviene de los acercamientos de los polos “Pegaso” y “Risques” a finales del 2015. Esta red de 600 adeheridos (de los cuales 80% implantados a nivel regional) ambiciona convertirse en 2020 líder europeo “soluciones de seguridad y tratamiento de riesgos (ligados al cambio climáticos, a catástrofes naturales de grandes dimensiones, a la contaminación o incluso a actos criminales…), nuevos usos aeroespaciales (drones, helicópteros, dirigibles, satélites) así como tecnologías para la defensa.

Entre las tonterías ofrecidas por el cluster (red de empresas constituida mayoritariamente por pequeños negocios (hasta 10 asalariados-as) y de pequeñas y medianas empresas compuestas de 10 a 250 asalariados-as) situadas en una misma zona, a menudo del mismo sector) para venderse se encuentra la vigilancia de fronteras y la seguridad interior, los servicios públicos de seguridad y la prevención de “la delincuencia” Varios organismos de formación participan, como la universidad d´Aix Marseille (especializada en los “servicios públicos de seguridad” y en las ciudades y territorios seguros (el concepto résilience tiende a generalizarse para todo. Estrictamente “un territorio resiliente es un sistema en equilibrio dinámico, capaz de anticipar perturbaciones gracias a la vigilancia y la anticipación, minimizando los efectos, gestionarlos en tiempo real, renovarse y actualizarse gracias al aprendizaje, la adaptación y a la innovación” y el instituto de ciencias y de movimiento situado en Marsella (especializado en drones, robótica aérea y cámaras) El uso de drones está en plena expansión, bien para vigilar fronteras, ciudades (como Méjico, donde han sido utilizadas por Thalès para completar las miles de cámaras de calle) infraestructuras sensibles (vías de tren) o ciertas manifestaciones.

La proliferación de colaboraciones públicas y privadas se traduce igualmente en la implantación en Aix en septiembre de 2017 en un campus internacional consagrado a “la ciudad del mañana y a las nuevas tecnologías” (The camp) Los dirigentes de este campus, que agrupa una universidad, una acelerador start-up y un polo de experimentación habían anunciado desde su inauguración su intención de testar los prototipos en el seno de la metrópoli Aix-Marselle. Según se dijo, se hizo. En colaboración con la SNCF hizo d´Aix-TGV su “estación y laboratorio” desde enero del 2018 (implantación de 400 sensores, test de nuevas aplicaciones o de robots especializados…)

Estos “soplones”, destinados a efectuar cada uno un tipo de medida específica, son presentados como indispensables para el desarrollo de las ciudades “conectadas”

Las informaciones que proporcionan facilitan la toma de decisiones de los poderes públicos, ya se trate de gestionar el encendido o el apagado de luces, de cerrar un eje de comunicaciones por carretera, de enviar uniformados o de adaptar los semáforos para abrirles las vías. Santander, ciudad española de 180.000 habitantes fue elegida por Europa para servir de “ciudad test” desde 2014. Una red de 12.000 sensores sobre una superficie de 40 kilómetros cuadrados.

Denominada poéticamente “MUE” (Monitorización urbana del entorno) la primera aplicación presentada en la inauguración de un “Smart innovation Center” en Niza (marzo del 2015) permite tanto la centralización como el análisis de informaciones recogidas de un territorio de 160 hectáreas por 3.000 sensores que miden las huellas sonoras, la calidad del aire, el volumen de lluvias, la fluidez del tráfico rodado, la disponibilidad del estacionamiento en la ciudad o de vehículos eléctricos, el nivel de los contenedores de basura, el consumo energético de particulares o de empresas voluntarias…

EL FONDO DE LA CUESTIÓN ASUSTA

Una aplicación lanzada hace poco permite a sus usuarios ser alertados/as e intervenir en caso de parada respiratoria en las cercanías. (La idea es aumentar las posibilidades de supervivencia actuando antes de la llegada de los servicios de emergencia). Sensores de ruido colocados en los apartamentos o residencias de personas mayores “alertan” a los cuidadores de un ruido de caída…La implantación de las nuevas tecnologías (y la aceptación de su uso potencial con fines de control) se asienta sobre el desarrollo de decenas de aplicaciones lúdicas, “prácticas” o que tiene un impacto “social”. Hacer una distinción entre “buenas innovaciones” puestas al servicio de la ciudad “Smart” (responsable, concectada) y de “malas innovaciones” que buscarían el control de la población (“Big Brother de seguridad”) nos parece el centro de la cuestión: las innovaciones juzgadas como interesantes son rápidamente utilizadas por los otros sectores de investigación.

¿La laguna de Berre o el humo de los cruceros que la ensucian? El argumento ecológico, tan querido habitualmente por los desarrolladores de la Smart City, se convierte en secundario en la boca de los ediles marselleses. Destacan en primer lugar el aspecto de “ciudad conectada” ofreciendo una batería de servicios a los usuarios/as geolocalizados/as permanentemente; tratan de vendernos sus oscuros problemas de gestores. Ciertas aplicaciones propuestas (en nombre del “vivir mejor juntos”, evidentemente) permiten avisar “de un contenedor que rebosa o de un socavón en la calle, o de olores característicos.

Estos innumerables “pequeños gestos cotidianos” propuestos por el poder o nacidos de iniciativas ciudadanas integradoras (dando un barniz verde a todo) no cuestiona en absoluto los tintes de dominación que estructuran este mundo, y tiende a invisibilizar la responsabilidad de los participantes. En muchos casos se trata de delación pura y dura.

La adjunta marsellesa encargada de la seguridad (Pozmentier) estudia la posibilidad de instalar en Marsella la aplicación “Reporty”, testada en Niza desde mediados de enero del 2018.

Esta permite a “los testigos de un acto incívico o de una situación crítica” (ruido, pintada, deposiciones salvajes, robo, agresión, incendio, inundación) reenviar al centro de supervisión urbano un video en directo. ¿Qué sería de las smart-city sin “smart-citizen” y sus samartphones, esas insoportables correas electrónicas.

La alienación digital y la denuncia no conciernen, desgraciadamente, más que a los legalistas. Grabando y difundiendo imágenes sobre las redes sociales son numerosos/as los que se atribuyen, más o menos voluntariamente, el papel de auxiliares de policía. La situación que vivieron dos aspirantes a la libertad es muy elocuente. Una cárcel en el norte: dos individuos consiguen romper los barrotes de la celda en la que se encuentran encerrados y consiguen llegar al suelo asfaltado del patio. Los vigilantes no se dan cuentan de nada. Los que escapan no pasan inadvertidos para todo el mundo. En las ventanas de otras celdas manos provistas de móviles enfocan y se oye un clamor. No para divertirse, no! Estas decenas de pardillos, que creían estar en un estadio o en un espectáculo, se desgañitan para animar a los que intentan escapar. Peor todavía: los actores involuntarios se encuentran en directo en una aplicación accesible a todo el que quiera. Un equipo de la policía ve el video desde el exterior y avisa a los servicios de vigilancia y avisa a los servicios de seguridad, que no se habían dado cuenta de nada y detienen a los fugitivos.

MARSELLA, LABORATORIO DE SEGURIDAD

BIG DATA, ESQUELETO DE LA SMART-CITY

Los “Big data” que permiten el almacenamiento de un número inédito de informaciones sobre una base numérica (cualquiera que sean las informaciones almacenadas o la manera en la que son analizadas a continuación) son presentados como indispensables por los gestores de la ciudad del futuro. Fin del 2016, el Ayuntamiento adquiere una enorme plataforma de servidores, un silo 600 Terra byte (más grande que el de la biblioteca nacional) situado en el centro de supervisión urbana (CSU) En diciembre 2017, un grupo englobando Inéo digital (filial d´Engie, líder del mercado de la video vigilancia) y Oracle es elegido por la metrópoli para instalar la logística encargada de proceder al tratamiento de las informaciones.

“Oracle Big Data Appliance X6-2” (es el nombrecito) debería permitir el reagrupamiento de archivos de todo tipo, la centralización, la recuperación y el análisis en tiempo real de una gran universidad de datos. Son citados: los datos actuales y pasados de la ciudad (meteorología, datos de circulación, agenda de eventos, obras…), aquellos de la delegación de la Seguridad de la Villa de Marsella (barandillas, verbalizaciones, y otros datos geolocalizados recogidos por los schmits…) así como las imágenes recogidas en tiempo real por las 1500 cámaras de la ciudad y las de la central de transportes o las relacionadas con las intervenciones de los bomberos…

La evaluación del “sentimiento de tranquilidad de los administrados” y la anticipación del “conjunto de riesgos” (derivada del análisis de las redes sociales) deberían formar parte de las funciones del servidor.

Palabra de “madero” (desconfianza) que denota lo que estos indeseables tienen en la cabeza, el prefecto de policía ha declarado a principios de marzo (entrevista de promoción de la policía de calle) querer interconectar las cámaras de la ciudad, las de la SNFC, de la RTM (hasta aquí nada nuevo) y la de los recogedores sociales, centros sociales, entradas de los edificios escolares, de lugares turísticos, del velódromo, de las autopistas, del puerto…”El fin es que todo sea accesible al nivel del centro de información y de mando (CIC) Esto permitirá recoger el flagrante delito y sería muy útil para las grandes manifestaciones.

X6-2 debería permitir al poder gestionar más eficazmente los flujos humanos (tráfico por carretera y peatonal) por el sesgo de aplicaciones móviles o de pantallas, optimizar las prestaciones energéticas y facilitar la detección de ruidos, comportamientos, situaciones o individuos “sospechosos/as” (un umbral de densidad máxima detectado en un lugar público, un principio de incendio, un objeto abandonado o la intrusión en una zona prohibida)

Bajo el pretexto de un análisis predictivo, el estratega puede programar la utilización de efectivos de policía ayudándose (en parte ) de la distribución espacio temporales de las verbalizaciones oídas con anterioridad. Una policía racista y clasista proporciona sus estadísticas según un algoritmo que la conduce a las zonas donde realiza más vigilancia, controles, presión, etc. El círculo está cerrado.

La logística, operativa en el primer trimestre del 2018, no debería ser totalmente eficaz hasta el 2020. El algoritmo hará su autocrítica a partir de las intervenciones efectuadas en los primeros años (y sin intervención humana: es lo que llaman la máquina learning) con el fin de aprender situaciones de riesgo. Los resultados definitivos serán puestos a disposición del conjunto de servicios por el intermediario del cuadro de mandos

[Analisis] Vivir, trabajar y sobrevivir en una smart city

extraido de “Briega”, ariculo de la revista “libres y salvajes”

El término “smart city” tiene sin duda un definición coyuntural, es un término “comodín” como lo han sido otros términos, por ejemplo la interculturalidad o la sostenibilidad. Sin embargo, que tenga un uso de velo ideológico o de cortina de humo no nos ha de impedir ver otras implicaciones. El término es difícilmente separable de otros como “internet de las cosas” o “big data”, aunque los “expertos” pretenden diferenciarlos totalmente. Ponerle un nombre a algo no es un acto neutro, el uso de las palabras tiene muchas más implicaciones de las que se pretenden y se relaciona muy directamente con el ejercicio del poder.

De hecho, lo que se esconde detrás de las “smart cities” no es nada diferente sustancialmente de la “vieja dominación”, sólo que ahora con instrumentos mucho más eficaces y potentes a su disposición. A la hora de hablar de smart city no hay que perder de vista esto, el núcleo duro, lo importante, no es la cobertura tecnológica, sino la dominación de las corporaciones y los estados sobre las personas, los animales y el mundo.

La smart city supone una tecnificación del viejo control social: en lugar de estar controlados por los chafarderos y los confidentes del barrio (los sensores) lo estamos por sensores (chafarderos y confidentes).

Lo que lo diferencia de los antiguos métodos es su extensión, profundidad y magnitud de sus bases de datos, así como la velocidad de proceso, la capacidad de almacenamiento, la rebaja brutal de los costes de todo este control y, finalmente, la posibilidad, cada vez más extendida, de control en tiempo real.

En el período 2013/2014, se han puesto en el mercado 7.700 millones de sensores smart y 250 millones de tarjetas NFC. A estos hay que añadir los teléfonos inteligentes, las tablets y otros dispositivos conectados que, en la práctica, actúan como sensores y que a lo largo del período 2009/2014 han sobrepasado largamente los 10.600 millones de unidades. Se calcula que una ciudad con un millón de habitantes tenía en el 2010 unos 600.000 sensores, esta cifra, actualmente se sobrepasa de largo.

Cisco y Eriksson han hecho una proyección para 2020 en la que hablan de 50 millardos (billones americanos) de sensores y aparatos conectados. Se trata de una estimación a años vista, pero nos da una idea de la magnitud de la futura recolección de datos. Otras estimaciones más conservadoras hablan de 25 ó 35 millardos.

De todos modos, teniendo en cuenta que la población mundial en 2020 se estima que será de 7.717 millones de personas, tenemos un abanico de entre 3,2 y 6,5 dispositivos por habitante (los cálculos de Cisco y Eriksson no incluyen smartphones ni tabletas, ni los diferentes tipos de ordenador).

El objetivo básico de todos los proyectos de smart city es la recogida de datos, unos para almacenarlos y tratarlos posteriormente (bigdata) y otros para decidir a tiempo real. Los usuarios son básicamente los intereses económicos detrás de los estudios de mercado, los diferentes tipos de policía y agencias de seguridad, los servicios de recursos humanos…

VIVIR EN UNA SMART CITY.

Nuestra vida cotidiana, ahora mismo, ya está muy invadida por el seguimiento smart. Dejando aparte el tema de los aparatos móviles (básicamente teléfonos), hay centenares de videocámaras que nos vigilan en los espacios públicos.

La videovigilancia, con la disminución del costo de grabación y almacenamiento de los datos,se está extendiendo y se hace ubicua. Además con la “videovigilancia inteligente” (cámaras digitales con un software interpretativo) se puede extraer en tiempo real mucha información de la grabación: números de matrícula, cantidad de vehículos y de personas, algunos rasgos del comportamiento de las personas grabadas, reconocimiento facial, detección de conductas sospechosas e incluso determinados estados anímicos.

La videovigilancia se ha “democratizado”, se venden miles de cámaras acompañadas casi siempre de software para vigilar una tiendecita o el hogar, para controlar hurtos, empleados, canguros, niños, mascotas y ancianos. Casi siempre son aparatos adquiridos por internet y autoinstalados o instalados por el manitas del barrio, evidentemente no cumplen ninguna de las condiciones de la ley de protección de datos.

Estas cámaras que hace unos años eran casi de juguete han alcanzado el rango de herramientas sofisticadas de alta resolución, conectables vía wifi con internet y dotadas de un software complejo que permite configurarlas con alarmas a teléfono y ordenadores, capaces de diferenciar personas, acciones y situaciones y definir áreas de vigilancia. Este software es también relativamente económico y normalmente va acompañado de almacenamiento en la nube, o sea que las imágenes quedan fuera del control del mismo interesado (que seguramente será grabado también).

Podemos resumir que ahora padres, hijos, no ejercen de cuidadores, sino de vigilantes, de vigilantes por cuenta del estado y de la “nube”…

Cada vez es más difícil hacer un pago “en efectivo” (anónimo), cada vez aumenta más el conocimiento de nuestros hábitos de consumo por parte de los vendedores, los estados y las corporaciones (qué, cuándo, en qué cantidad…). Cada vez tenemos más tarjetas con un chip, más documentos de identificación electrónicos…

En nuestros hogares, los smartmeters que últimamente se están generalizando permiten conocer lo más íntimo de nuestros hábitos: cuando llegamos, cuando vamos a dormir, cuando nos duchamos y cuando ponemos lavadoras, si tenemos visitantes, si tenemos picos de consumo…

Determinadas tecnologías como los wearables (sensores “vestibles” que miden tensión arterial, ritmo cardíaco, oxígeno en sangre…), dan otra vuelta a la tuerca del control. Con ellos ponemos en unas manos desconocidas datos tan íntimos como nuestro estado físico y nuestra salud y, si están geoposicionados, la transparencia físico/metabólica “voluntaria” es total y absoluta.

Los riesgos de la smart city parecen verse lejanos en el tiempo y en el espacio. Nos hacen creer que la tecnología del control smart se aplica sólo en remotos países dictatoriales, o en fronteras con África o Oriente, también alejadas (al menos imaginariamente), o limitadas a perseguir delincuentes repulsivos (pederastas o violadores) y trabajadores incumplidores.

El hecho es que las tecnologías que se utilizan en estos momentos en las fronteras, sean de identificación o de detección, se están empezando a utilizar para el control interno sin que nos demos cuenta. Aunque sólo fuese por egoísmo deberíamos combatirlas. Se están construyendo nuevas fronteras en las calles, en las instituciones y en los puestos de trabajo, fronteras que cada vez serán más evidentes… Hasta que ya no nos las dejen cruzar, entonces será difícil derribarlas.

TRABAJAR EN UNA SMART CITY.

Vemos como cada vez más, en los puestos de trabajo, sobre todo aquellos que antes eran llamados “trabajos manuales” los patrones tienen a su disposición un mayor número de herramientas de control y abuso derivadas de las tecnologías smart.

Todas estas herramientas de control se disfrazan con la “amable intención” de liberar a los trabajadores de trabajos pesados o inseguros, pero el hecho es que la presión extra sobre el tiempo de ejecución y frecuencia de las operaciones hace que, por ejemplo, aumenten los accidentes laborales. Otro mito que nos han imbuido es el “buen rollo” de las empresas TIC (tecnologías de la información y la comunicación) con sus trabajadores. Sin embargo, en el mundo TIC, igual que en el resto del ámbito laboral, aumenta la fractura salarial entre los “bien pagados” y el resto.

Seguramente los primeros en padecer la smart city fueron los trabajadores del espacio público, los de la limpieza viaria y del mantenimiento urbano. Fueron viendo como en todos sus vehículos (hasta en los carritos de los barrenderos) se instalaban GPS’s y se les dotaba de agendas electrónicas (tipo palm), actualmente sustituidas por teléfonos (que a menudo han de pagar) para poder vigilar su actividad y comunicar las alarmas de trabajos urgentes.

Después fue el sector del transporte, especialmente mensajeros y repartidores de mercancías. De nuevo los GPS’s y aquellos miniordenadores denominados Psion (ahora sustituidospor tablets). Estos trabajadores han de conducir, repartir, facturar… y en todo momento la central (el patrono) tiene trazable la mercancía (paquetes, cartas… y trabajadores). De hecho los “expertos” empresariales consideran que el 90% de las entregas en el 2018 se harán mediante sistemas conectados vía web (Uber, eBay Now, Shutl, Deliv, Posmastes, Instacart, Amazon, Alibaba).

El transporte público de pasajeros vino detrás. Los autobuses con GPS y otros gadgets tecno-smarts, han invadido las flotas, a su vez, los taxis han incorporado taxímetros inteligentes y las videocámaras se han hecho omnipresentes en estaciones, vagones de metros y ferrocarriles, autobuses…

La recogida de residuos viene a continuación, con el añadido de los sensores de medida del llenado de contenedores, que harán variables los recorridos, las frecuencias y por tanto los horarios y el calendario de trabajo.

La mayor parte de las mercancías, palets, contenedores y muchos envases individuales ya vienen marcados con etiquetas RFID e incluso dispositivos más sofisticados. Son trazables y los inventarios son casi automáticos. El impacto sobre los empleados de almacén y los reponedores es directo.

Los oficinistas y otros trabajadores de “cuello blanco” ya trabajan en red desde hace tiempo y padecen los software de control que registran desde el número de pulsaciones en el teclado hasta la actividad en todo momento de la jornada y… la inactividad.

En los comercios y tiendas no se vigila ya solamente a los posibles “ladrones/consumidores”, la vigilancia se extiende a los trabajadores con cámaras enfocando cajas registradoras y espacios “no públicos”… De hecho a partir de una sentencia contraria a los deseos de la patronal se está haciendo firmar una comunicación de que las grabaciones se podrán utilizar comoprueba para sancionar a los trabajadores.

Y en todas partes el control de presencia y de identidad se sofistica y cada vez necesita menos del contacto, llegando en algunos casos a controlar no sólo la entrada y la salida del trabajo, sino también el lugar y el tiempo pasado en diferentes dependencias, estableciendo zonas prohibidas a menudo arbitrarias.

Hay aplicaciones smart especialmente repulsivas, como la escoba para limpieza urbana con sensor de movimiento que registra el numero de barridos a lo largo del día (conectada también a un GPS en el carrito o en la escoba misma), o la ropa de trabajo “interactiva” dotada de etiquetas RFID u otros artilugios de control de presencia.

Se va imponiendo un modelo de economía de “servicios móviles bajo demanda” (ODMS), en el que no se trabaja para un empleador, sino para una plataforma que gestiona las demandas de los clientes y el pago (como UBER, Airb-nb, Homejoy, la Nevera Roja…), además las empresas suelen estar ubicadas muy lejos del sitio donde se produce realmente el servicio. Es trabajar con un algoritmo como jefe o encargado, con la diferencia de que a un algoritmo no se le puede coger por el pescuezo y tampoco se le pueden pinchar las ruedas del coche. Esto nos deshumaniza y de hecho nos reduce al papel de otro algoritmo, al papel de un smart trabajador.

Las aplicaciones smart sólo tienen un límite: lo retorcida que tengan la mente los ingenieros y tecnólogos, la codicia de los empresarios y el afán de control sobre la vida de los demás.

¿Cuál es el efecto de todo esto sobre las condiciones de vida en el lugar de trabajo?

El primer efecto es un control extremo que va más allá del “ojo del encargado” o el reloj de fichar. Se trata de un control en tiempo real, no sólo de hora en hora o de minuto a minuto, sino que ahora ya se llega al control de milisegundo en milisegundo… Esto hace que el patrón (aunque parezca que sea un término obsoleto, todos tenemos un patrón aunque sea un estado o una corporación transnacional) sepa que hacemos en todo momento durante la jornada laboral (y fuera de ella si nos “permite” llevarnos el smartphone corporativo). Y si la empresa es responsable “socialmente” y dispone de mejoras como actividades culturales y deportivas subvencionadas, entonces también conoce incluso una buena parte del tiempo libre.

El segundo efecto es la “optimización del tiempo” por parte de la empresa: los ritmos de trabajo se aceleran y los plazos se acortan. Por ejemplo en el número de entregas de mercancías de un trabajador de UPS, la longitud del itinerario de un trabajador de la limpieza viaria, o el número semanal de expedientes de un oficinista.

El tercer efecto es un aumento de la precarización del trabajo. Por un lado, el control global genera despidos y por otro, el control extremo permite monitorizar y tutelar el trabajo de manera que, en cada momento, el trabajador se vea forzado a hacer “lo que debe hacer”… lo que desea la empresa.

El cuarto efecto global, es que la dominación extrema a la que nos lleva la “smartificación” ataca nuestra identidad individual y tiene efectos sobre nuestra libertad, la calidad de nuestras vidas y nuestra salud, hundiéndonos en la tecno-miseria, la humillación y la dominación. Nos lleva a una negación de nosotros mismos y a una afirmación de nuestros dominadores.

LAS SMART FRONTERAS Y LAS SMART CITIES, O ESTÁS DENTRO O ESTÁS FUERA

Las fronteras no suelen ser límites geográficos o naturales, tampoco son un límite jurídico, las fronteras son herramientas que el poder utiliza para acumular más poder o parar regular su ejercicio.

El control de las fronteras ha ido evolucionando según sus necesidades. Los antiguos y enojosos “peajes” para regular el paso de las mercancías se han ido optimizando para permitir el paso rápido de todo aquello que puede generar valor, así el número de contenedores que mueve un puerto, por ejemplo el de Barcelona, sería impensable sin toda la capa de tecnología de identificación, de inventario y sin los mecaismos sociales de los que se dispone ahora.

Una de las mercancías más costosas de regular, y, de momento, imprevisible ya que tiene iniciativa propia, es la mercancía humana (trabajadores y consumidores), así pues es preciso regular estos flujos intentando reducir la “iniciativa propia” de las personas.

Esta “regulación” puede ir desde los disparos de los guardas de frontera, hasta los sofisticados muros de contención (con sus puertas de paso controladas) construidos en todas las fronteras, como el que hay entre los EUA y México, entre Gaza e Israel y en las fronteras de Ceuta y Melilla en el estado español. Los mecanismos de control han pasado del humano (siempre imperfecto) al inhumano (que también incluye a policías y otros funcionarios), atiborrando los muros de contención de sensores, cámaras y cuchillas de diferentes tipos.

De esta manera se han perfeccionado los pasaportes, los más modernos (prácticamente todos) están provistos de “micro chip”, de etiquetas RFID, y toda la parafernalia de entrada (rayos X, detectores de metales, escáneres, sensores del latido cardíaco,etc…) es cada día más perfecta. Los visados de los países de la zona Schengen recopilan datos biométricos de los solicitantes (los diez dedos de las manos y la cara, de momento). Los sistemas de visados (VIS) conectan las oficinas diplomáticas y los puestos fronterizos de los estados miembros.

El poder (básicamente estados y corporaciones) ha levantado los muros, pero estos muros no cubren todas las fronteras (se necesitaría cerrar todas las playas) ni son totalmente eficaces.

En el estado español la vigilancia de fronteras recae sobretodo en la Guardia Civil y también en el Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA).

Estos cuerpos disponen de un buen arsenal de vehículos aéreos, marinos y terrestres. Tienen el apoyo de sistemas de vigilancia aérea y por satélite, y disponen de una amplia gama de sensores de todo tipo.

Entre enero de 2013 y agosto de 2014, la Guardia Civil ha invertido alrededor de 6,5 millones de euros. La mayor parte del presupuesto se ha destinado a cámaras térmicas (5,1 millones). A sensorizar las patrulleras se han destinado 0,5 millones y a aparatos de visión nocturna 0,3. El SVA, dependiente de Hacienda no ha tenido unos gastos tan grandes en gadgets tecnológicos así que sólo han adquirido, en el mismo período, dos sistemas optrónicos de visión térmica y de visión diurna, eso sí, de los caros, un milloncillo.

Una buena parte del esfuerzo controlador de la UE se hace a través de FRONTEX, la agecia de gestión de fronteras exteriores, con sede en Varsovia. Esta agencia está en alza, su presupuesto, desde su creación en 2005, a pasado de 6 a 90 millones en el 2013.

FRONTEX está muy penetrada por los lobbys de las empresas de seguridad (INDRA, Thales, EADS, Selex, GMW…) que participan tanto en el desarrollo y gestión con tecnología propia (software, redes de comunicación, sistemas de control), como participan en proyectos conjuntos con fondos y partenaires públicos. Por ejemplo el proyecto PERSEUS (INDRA y EADS…) 43 millones de euros, el SEABILLA, INDRA, SELEX, Thales…) de 15 millones, TALOS (TTI Norte y la israelí IAI) de 3,9 millones y finalmente OPEMAR (Thales, INDRA y Selex) con sólo 669.000 euros.

FRONTEX, que en total ha consumido más de 250 millones parece ir tomando posiciones para ocupar el papel de controlador único de las fronteras exteriores que ahora tienen los estados, especialmente a través de EUROSUR (centrado en las fronteras del Sur). De todas formas la estructura presupuestaria de la UE y el secretismo de los eurócratas de la seguridad, hace muy difícil averiguar si los recursos de FRONTEX han sido solamente estos 250 millones y que no dispone de más financiación, mediante la Agencia Europea de Defensa a través de fondos destinados a la investigación, al estímulo económico o a la seguridad interior.

El control de fronteras deviene evidentemente en un gran negocio. Se calcula que solamente el sector biométrico, en sus usos militares y de control de fronteras, generó el 2012 unos ingresos de 5.800 millones y se preveen beneficios de unos 15.800 millones para 2021. En el momento en que India y China se incorporen plenamente a este mercado los beneficios pueden crecer exponencialmente. De hecho el 27% de las conexiones máquina/máquina (M2M, la conexión básica sensor/servidor de las smart city) están en China y el 40% mundial de conexiones M2M están en Asia.

El truco está en cerrar las puertas para que no entren los de fuera, las puertas son en un único sentido. El paso posterior será no dejar salir tampoco a los de dentro (puerta cerrada). El último paso: controlarnos a todos, la jaula para los animales domésticos.

Las smart fronteras son padecidas ahora mismo por una inmensa mayoría de la humanidad (todos aquellos que no son ciudadanos de los países de la OCDE), pero en un futuro cercano, todas estas técnicas ya refinadas y desarrolladas se podrán aplicar directamente a la seguridad interna, para los estados del sur y también (por nuestra seguridad) a los refractarios de los países del norte.

SOBREVIVIR EN UNA SMART CITY.

Seguramente una perspectiva como la que hemos dibujado (los 50 millones de conexiones) da lugar al pesimismo y al derrotismo más absoluto, y la distopía parece inevitable… Pues nada de esto. Quizás mejor que sobrevivir sería mejor hablar de “resistir a la smart city”, o aun mejor “destruir la smart city”.

La dominación y el control que constituyen el núcleo de la smart city se implanta fácilmente y tiene el camino allanado gracias a los deseos y necesidades que nos han (y nos hemos) creado.

Queremos saber exactamente el tiempo que falta para que llegue el autobús y no nos importa que esta información lleve emparejada el control y la presión sobre los conductores. Queremos tener servicios al instante a precios de saldo, no nos queremos enterar de la precarización y sobreexplotación de los trabajadores, como es el caso de UBER. Queremos pasar a toda pastilla por los peajes y no hacer colas delante de las máquinas del metro, queremos una cola corta en la frontera y que el médico acceda a nuestro historial sin demora… Queremos teleasistencia, queremos servicios a domicilio, queremos pedirlos por la red y obtenerlos deprisa y a un precio sospechosamente bajo. Queremos finalmente ser provistos de todos los dispositivos móviles que nos permitan disfrutar de todo ello, los impactos de su producción sobre el agua, la tierra, las plantas y la fauna (nosotros incluidos) quedan en un segundo plano.

¿Queremos realmente la smart city?

A pesar de que esta red pueda parecer omnipresente no es para nada omnipotente, entre otras cosas porque se alimenta a sí misma (se retroalimenta) y si se neutralizan un número suficiente de nodos pasa a ser inoperativa, total o parcialmente.

En el mundo antiguo (hace muy poco) era posible vivir sin la mayoría de las redes urbanas, se podía vivir sin suministro de agua o de energía, sin servicios sanitarios, sin cuerpos de seguridad, esto se ha demostrado en las diferentes situaciones de emergencia ocurridas en el inicio del siglo XXI.

En Nueva Orleans la gente se supo organizar para sobrevivir, mientras que el estado sólo se preocupaba por detener el saqueo. Recogieron comida y agua, supieron distribuirlas con mucha equidad y supieron encontrar espacios de seguridad. Cuando las redes del estado les volvieron a capturar, las cosas empeoraron y, todavía ahora, no están “normalizadas” y la gente sigue viviendo en barracas sin servicios mínimos.

En Gaza, con la mayor parte de las redes de servicio no operativas, con el esfuerzo individual de los trabajadores y el esfuerzo colectivo de la población, han podido resistir y continuar viviendo sin un funcionamiento regular de estas superestructuras.

Lo mismo podemos decir de situaciones de enfrentamientos militares entre estados en Siria, Iraq, Kurdistán, o de desastres “naturales” como el tsunami de las Filipinas o el terremoto de Nepal.

Ahora bien, ¿podría el actual sistema capitalista resistir una semana sin internet, sin red de comunicaciones? ¿Qué valor tendría el dinero depositado en Nueva York, en Barcelona, en Londres?… La respuesta es fácil, a la primera NO y a la segunda NADA. De aquí surge otra pregunta diferente: ¿es posible detener, hacer caer o neutralizar la red? La respuesta es, creemos, sí.

Hay un problema de enfoque. Nosotros queremos resistir al sistema localizadamente, cada cosa en su lugar: la PAH frente a Caixa Catalunya, los antinucleares frente a ENDESA, los antifronteras frente los CIES, los adversarios de los transgénicos ante MONSANTO… Y así todos buscamos nuestra posición y nuestro “target” correcto… Ellos por el contrario están hiperconectados (el Obispado con ENDESA, ENDESA con los CIES, los CIES con MONSANTO, MONSANTO con la Generalitat, la Generalitat con el rector de la parroquia…) y se ríen de nuestros esfuerzos localizados, limitados y, a menudo, estériles.

Históricamente muchos de los movimientos de protesta de los oprimidos no se han limitado nunca tanto en el alcance de sus luchas como nos autolimitamos actualmente. Esta especialización es reciente.

En las revueltas locales de los siglos XIX y XX, los insurrectos, además de las reivindicaciones puntuales (el coste de la vida, las condiciones de trabajo, la oposición al quintado de mozos) invariablemente destruían, generalmente mediante el fuego, los archivos del registro de propiedad, del registro civil, los catastros (red de control estatal) y las instituciones de la Iglesia: conventos, iglesias, escuelas, registros parroquiales (red de control ideológico).

Por ejemplo, los anarcosindicalistas del Berguedà no se limitaron a las condiciones de las minas o fábricas y por esto pudieron proclamar, durante unos días, el comunismo libertario global para toda la vida cotidiana de varias poblaciones.

Los piqueteros argentinos no se limitaron a manifestarse delante de la Casa Rosada, también cortaron carreteras y otras vías de comunicación sin un objetivo “local”, únicamente contra el paro, teniendo efecto sobre otros sectores (capitalistas) no estrictamente vinculados a su conflicto.

Las sufragistas inglesas de principios del siglo XX no restringían su lucha a atacar al parlamento o a los partidarios del apartheid de género; entendieron que el patriarcado (que era su verdadero objetivo) tenía otros tentáculos más accesibles a los que dañar. Así que durante los años 1912-13, y parte de 1914, destruyeron centenares de buzones de correo (el internet de entonces) sin preocuparse (al contrario que los seguidores de la ética Hacker) en los efectos sobre terceros. Incendiaron edificios, cortaron líneas de teléfono y de telégrafo, y sabotearon la red de ferrocarriles (como podemos ver, atacaron todas las redes a su alcance).

En estos momentos, las redes son vulnerables si las atacamos guiándonos, no por la lógica que nos imponen (antinucleares/instituciones energéticas, antipatriarcales/ministerio de justicia, anti OMG/MONSANTO…), sino por la lógica de la hiperconectividad de nuestros dominadores, no importa donde actúes, están hiperconectados, ya les llegará el efecto.

Con esta lógica, se trascendería el problema de la coordinación entre grupos y movimientos.También trascendería la lógica de los dominadores, la de la represión. Puedes atacar, alterar, destruir en cualquier punto, puedes reivindicar estas acciones para cualquier causa… Puedes estar seguro de que generarás más perjuicios que si gastas recursos y un tiempo valioso intentando identificar el punto justo, el punto correcto… Porque este punto no existe, está en todas partes…

¡ATACA LA RED!

[Dossier] Colapso en Detroit

extraido de: grupopensamientocritico2014.blogspot.com

«Una cosa curiosa del homo sapiens es que somos lo suficientemente inteligentes como para documentar, con exquisito detalle, varias tendencias que presagian el colapso de la civilización moderna, pero no lo suficientemente inteligentes como para librarnos de nuestra situación autoinducida.

Esto se puso de relieve una vez más en octubre, cuando los científicos informaron que las poblaciones de insectos voladores en Alemania han disminuido en un alarmante 75 por ciento en las últimas tres décadas, acompañadas, en los últimos doce años, por una disminución del 15 por ciento en las poblaciones de aves. Las tendencias son similares en otras partes de Europa donde los datos están disponibles. Incluso en Canadá, todo, desde la casual observación de los parabrisas, hasta las evaluaciones científicas formales muestran una caída en el número de insectos. Mientras tanto, las poblaciones domésticas de muchas aves que comen insectos están en caída libre. Ontario ha perdido la mitad de sus pájaros carpinteros en los últimos 20 años. En todo el país, especies como halcones nocturnos, golondrinas, martín pescador y atrapamoscas han disminuido hasta en un 75 por ciento. Las golondrinas del Gran Vancouver se han reducido en un 98 por ciento desde 1970. ¿Oímos algo sobre todo esto en las principales noticias? […]»

William E. Ress

DOSSIER: https://drive.google.com/file/d/1YNBiinfEVzTjYqIBYtpRUX4RtRbR6ucd/view

[Analisis] El rostro de la guerra ha cambiado … el de la guerra de clases también: a los agradables anarquistas que hablan bien, al resto de la izquierda educada que habla de la revolución posterior …

En cada contexto socio-geográfica del sistema de capitalismo genera su propia realidad de la opresión, la destrucción, la escala de funcionamiento social y de acuerdo con el carácter de su desarrollo. En el Medio Oriente es las invasiones recurrentes militares, aviones no tripulados, grupos yihadistas Takfiris con cinturones explosivos, traficantes de armas y drogas respaldados por los estados occidentales; en el estado occidental-desarrollado que están acosando a los policías por todas las calles, dispositivo tecnológico que invade e impone su dominio sobre el territorio, la maquinaria y la construcción tropas reglamentadas empujando el barrio imperio infinito y sus carreteras , todo bajo las órdenes de los promotores, parásitos y tecnócratas. La guerra social permanente no solo se generaliza en varios frentes y metástasis, sino que también toma forma bajo una multitud de aspectos y dimensiones. Por eso es ridículo pensar, como algunos todavía se atreven a hacer, ingenua o deshonestamente, la “revolución social” como se pensaba hace cien años, o en el mejor de los casos en Cataluña. durante los años treinta. Sin duda en Rojava no es … ¡hay que ver!

Para autogestionar las “fábricas”, que en su mayoría se han exportado a China y Bangladesh, ¿eso significa qué? La industria aquí significa una industria masiva de construcción / bienes raíces parasitaria y destructiva que impulsa la gentrificación en ciudades como los interminables suburbios en contra de la llamada “campaña”; significa una industria de “nuevas tecnologías”, que incluye el control social y la biotecnología tóxica; significa una industria del espectáculo, que incluye todos los cosméticos … el “espectáculo” de la vida cotidiana; también significa un complejo industrial de identidad y su política de identidad. Significa, globalmente, la sociedad de la máquina. Podrido por todos lados pero aún funcional y sórdido, siempre sonriendo mecánicamente.

Más allá de la cuestión de cómo autogestionar sectores tan complejos, tremendamente competitivos y ultracompartimentados de una industria fundamentalmente hostil y antihumana y antinatural, apuntando sus armas contra el personal y las relaciones interpersonales, surge la pregunta Lo bueno es organizar una recuperación de esta industria por su fuerza de trabajo, que ya está comprada desde cero desde su juventud, a través del sistema educativo y los muchos dispositivos tecnológicos de control de masas.

La acumulación tecnoindustrial, en paralelo directo y causal con la expansión imperial de la sociedad de conveniencia, ha resultado en una invasión de conveniencia y su espectáculo en nuestras vidas, ahora tomando la forma lógica y consistente de una invasión tecnocrática de nuestras vidas, de los vivos en general, yendo en la dirección de una dominación totalitaria donde somos reducidos a ser bio-máquinas de carne y hueso, donde el ser humano sirve más a la máquina industrial que a la inversa. El proletariado, el nuevo proletariado de la posguerra al menos, participa en este proceso, activa y ferozmente. El ideal en los labios de todos es el sacrosantola búsqueda del poder -idealmente incuestionable incluso en muchos de los denominados radicales críticos de la sociedad dominante- que resulta en la búsqueda de la prosperidad, el logro del estatus, mejores condiciones materiales, una “palanca” social / política / económica más poderosa para uno mismo, su clan, su familia, su propia pandilla … pero sobre todo para uno mismo. Valores intelectuales, estéticos, lúdicos, morales, humanos que no tienen ninguna sustancia de interés, o en el mejor de los casos, soportes intercambiables al valor central del dogma; el capitalista, en todas sus formas, es un ser carente de significado y sensualidad, que solo tiene gusto por el objeto de posesión y dominación, especialmente por la idea de posesión y dominación, más que el objeto en sí.

Sancionado por un sistema de leyes y reglas (no siempre formales, aún menos aceptadas por todos) que restringe el disfrute directo, el capitalismo se convierte en un estado, y el estado es inseparable, fundamentalmente. Hablar de un estado capitalista es un pleonasmo; no hay nada más que un estado que legitima y regula el juego de la búsqueda del poder, lo que significa proteger y permitir la consolidación de quienes más lo han acumulado. Por aquí, es un secreto aún demasiado bien guardado por las autoridades oficiales como sus llamados críticos de que el tráfico de drogas duras, especialmente Holy Cocaine, es una fuerza impulsora de esta poderosa capital que se consolida, defiende y en parte controlados por estas mismas autoridades (gubernamentales, corporativistas, especialmente los medios). El ejército, los servicios secretos, incluso la policía, en particular, son sus vectores centrales. Es la “independencia” de la fuerza deKosovo, por ejemplo, que, a través del aeropuerto de la OTAN, ha podido diseminar heroína afgana barata por toda Europa y más allá.

En tal orden social, cualquier forma de radicalismo de izquierda que niegue o ignore la realidad de tal dominio tecnológico (que incluye lo farmacéutico, por supuesto) como un frente en sí mismo para derrocar este mundo es simplemente una secta. esotérico, una frater-hermandad religiosa convencida duramente como el hierro en un análisis tan ficcionalizado como fuera de fase, desconectado de una parte significativa de la realidad de la opresión en este sistema. ¿O vieron anarcocomunistas unirse a la resistencia local contra la construcción de antenas de telecomunicaciones y medidores inteligentes, o en contra de la expansión de un suburbio? Tienes que ser afortunado de ver eso, al menos aquí. Pero aún … estos son frentes cruciales de la invasión capitalista que beneficia directamente su refuerzo y acumulación sistemática sin final aparente. Sin embargo, no es demasiado tarde para comprender y actualizar la realidad de la tecnocracia capitalista española posterior a la Guerra Civil. Solo saca un poco de la burbuja sociocultural de su pequeño entorno militante, muy por fuera de las fronteras de este mundo sórdido. El llamado radical-e debería de vez en cuando realizar un paseo fuera de la bicicleta, tanto como sea posible con sus cómplices, para ver el estado actual de la lucha de clases, contar número de víctimas no humanas que hace en las carreteras, continuamente, ubicar geográficamente las áreas y frentes de la invasión capitalista, especialmente para conocer otro mundo,

Por encima de todo, el capitalismo es más que una filosofía suspendida en las nubes, se debe entender como sea necesario, como “revolucionaria”, como para mapear y el diagrama del sistema de las relaciones y fluye como una relación real, haciendo que funcione todos los días y lo que le permite invadir más y más.

¿Y qué sabes acerca de los “capitalistas” en sí mismos, qué sabes sobre sus redes sociales, sus clubes, sectas, sociedades secretas, gimnasios y restaurantes favoritos? ¿Sabía que … los “ricos”, el “Poder”, los “capis”, los “burgueses”, los “gerentes” viven en esta misma tierra y respiran el mismo aire, a veces incluso entre ustedes o en el vecindario?

Si al menos estás interesado en tener una verdadera palanca contra este Poder en lugar de darte la sensación colectiva de tener uno, piénsalo un poco. Puede ser una buena idea hablar de ello, pragmáticamente, con sus amigos … entre dos manifiestos nocturnos o de asamblea.

[Chile] San Antonio, Valparaíso: FLT se adjudica la destrucción de eucaliptos

San Antonio, Valparaíso: FLT se adjudica la destrucción de eucaliptos
¡Ahora compas! el Frente de Liberación de la Tierra y su banda de elfxs traviesxs nos adjudicamos el derribo de pinos y eucaliptos, los que dejamos cruzados en un camino de bosques de monocultivos; para ser exactos en la Provincia de San Antonio, en la región de Valparaíso, ¡ESTAMOS EN TODOS LADOS!

Solidarizamos de esta manera de forma fraternal y directa con la lucha del Pueblo Mapuche que hace frente a los negocios forestales e hidroeléctricos, en las tierras del sur.

Lxs dueñxs y personas se preguntarán: ¿Por qué? ¿Por qué a estos “arbolitos”? ¿Que nos pasa? ¿Porque los derribamos? ¡malditos vándalxs sin consciencia!… ¡PERO MOMENTO!, estos bosques de monocultivos son plantados principalmente para el recurso capital y forestal de pequeñas empresas instaladas en distintas provincias y pueblos, provocando así la destrucción del eco-sistema silvestre de cada antiguo bosque de esta tierra, generando sequías en los pueblos aledaños, secando los caudales nativos que alimentan la poca vegetación silvestre que queda, es por eso que justificamos el derribo de estos, ¡IREMOS POR MÁS!

¡Saludamos a todas las células del FLT Y FLA que actúan por la tierra, lxs animales y contra el autoritarismo!

Frente de Liberación de la Tierra.
Valpo, Julio 2018

[Italia] Resumen y Conclusiones del CAMPAMENTO FEMINISTA CONTRA LA REPRODUCCIÓN ARTIFICIAL Y EL SISTEMA QUE LO HACE NECESARIO

El campamento que tuvo lugar del 22 al 24 de junio de 2018 en Cecciole di Ramiseto es la primera iniciativa feminista contra las tecnologías de reproducción artificial con una especificidad antitecnológica, ecológica y antiespecista.
Una iniciativa muy importante que esperamos enriquezca e influya en el debate actual, un debate que enciende el útero en el alquiler, pero en el que la ausencia eterna es la crítica de la Procreación Médicamente Asistida y la ingeniería genética.
Fue organizado por un grupo de mujeres con diferentes antecedentes políticos: lesbianas, feministas, anarquistas, ecologistas, antiespecistas. Todos conscientes de lo que está en juego y el alcance de las tecnologías de reproducción.
Ya no es posible mirar mientras se explotan los cuerpos de las mujeres en nombre de la libertad, un poco como cuando nos hacen elegir entre una planta nuclear y un gasoducto. Siempre hay razones en juego, que a veces se vuelven arcoiris y otras veces verdes, pero estas son las razones para la otra parte. Es hora de tirar las máscaras y dejar de producir ambigüedades que solo conducen a la confusión y al contenido de algunos lemas. Este primer momento de reflexión se ha propuesto para ir en la dirección del desarrollo de una crítica radical y un camino de oposición desde abajo que cada uno de los participantes puede declinar según sus especificidades.
Comenzamos con Giovanna Camertoni y un salto al pasado para aprender sobre la valiosa contribución del conocimiento y la resistencia desarrollada por el feminismo “de las raíces”, al comienzo de estas tecnologías con la experiencia de la red feminista radical internacional FINNRAGE, continuando la noche con un video sobre la Rote Zora, una red de grupos feministas y lesbianas activas desde los años 70 hasta los 90 en Alemania, contra la ingeniería genética y las tecnologías reproductivas.
Laura Corradi echó un vistazo a las consecuencias sobre la salud de las mujeres y las niñas / las tecnologías reproductivas, rompiendo la visión que considera las máquinas y los cuerpos que pueden descomponerse, interconectando la salud a una dimensión global.
Junto con Marie-Jo Bonnet se reflejó en la maternidad simbólica como una alternativa feminista a las tecnologías de la procreación que, presentadas como un progreso inevitable, abren la puerta a un enorme poder sobre la maternidad. Nos preguntamos algunas preguntas sobre lo que significa, después de los logros del feminismo, este retorno de la fuerza de la ideología de la maternidad, más específicamente, a las lesbianas y si la dimensión emancipadora del feminismo no es probable que desaparezca detrás de estas tecnologías. Se PMA como el punto de la crítica feminista de la reproducción asistida débil como muchas feministas que se oponen al GPA PMA creen que no presenta los mismos peligros y que se puede abrir a las parejas de lesbianas y mujeres solteras se identifica, sin poner en peligro las conquistas del feminismo.
Junto con Silvia Guerini ha puesto atención a las consecuencias de la división y la fragmentación del proceso de la concepción, la percepción de los cuerpos separables de los procesos tecnológicos que manipulan a los vivos, y la intrínseca transhumanista eugenesia ideología en las técnicas de reproducción.
Cristiana Pivetti a partir de la cría de animales, la ciencia encaminada a perfeccionar las características de otros animales para adaptar sus cuerpos cada vez más a las necesidades del actual sistema de producción en masa, ha alcanzado las tecnologías para la reproducción humana. Ambos, partes de una explotación única, ponen de manifiesto la necesidad de un camino inseparable que vincule la liberación humana y otros animales.
Finalmente, tres intervenciones para volver a poner el cuerpo en el centro.
Daniela Pellegrini ha criticado el proceso tecnológico a partir de la teoría del “plural relativo”: un respeto por la vida y la materia existente que puede reemplazar la manipulación por la observación, el contacto, la escucha y el aprendizaje. Para salir del paradigma masculino-céntrico del contexto predatorio actual que no tiene límite a la posesión y la explotación.
Luisa Vicinelli con ‘ ‘ecofeminismo’ matriarcal se ha centrado en los estudios modernos matriarcales y su definición del matriarcado, poniendo de relieve el carácter sagrado de la naturaleza y la simbiosis con el territorio en las sociedades matriarcales, el concepto de la medicina y, más ampliamente, de la ciencia en la figura del chamán.
Una contribución de Angela Giuffrida fue leída sobre la reificación del cuerpo en el sistema de pensamiento dominante, su asimilación a la máquina y el resultado inevitable en la tecnocracia. Sobre la internalización forzada de este sistema por parte de las mujeres, que a veces se traduce en un apoyo abierto a su propia opresión. Por una centralidad del cuerpo pensante femenino y las posibilidades concretas de emerger del diseño existencial masculino mortal.
La asamblea final subrayó la importancia de ver cómo estas tecnologías invierten ante todo los cuerpos femeninos que se convierten en verdaderos laboratorios vivientes para la realización de las transformaciones de la humanidad entera y de toda la vida. un ejemplo que puede extraerse de las luchas de contextos ecologistas radicales para crear caminos de oposición a las tecnologías reproductivas y la idea del mundo que aportan.

[Analisis] La Ciencia y el Trabajo

La investigación y el desarrollo de la tecnología nunca tuvo como objetivo satisfacer nuestras necesidades y deseos sino mantener, expandir y fundamentar el orden vigente. La sustitución de la mano de obra por la tecnología reduce el valor de la mercancía, por lo que obliga al capitalismo a aumentar la producción para su propia subsistencia. Cada propietario de capital que introduce una nueva máquina consigue una ganancia mayor que sus competidores, obteniendo más mercancías de sus obreros, con esta inercia seguirá existiendo la necesidad de desarrollar la producción en términos materiales y, en consecuencia, de utilizar más recursos y de contaminar a mayor escala. Esto explica la eterna búsqueda de sectores siempre nuevos de valorización. Desde hace doscientos años, el capitalismo evita su fin corriendo siempre un poco más rápido que su tendencia a derrumbarse, gracias a un aumento continuo de la producción. Pero si el valor no aumenta, por el contrario, es el consumo de recursos, la contaminación y la destrucción. El capitalismo es como un brujo que se viera forzado a arrojar todo el mundo concreto al caldero de la mercantilización para evitar que todo se pare.

Mientras continúe la sustitución de la fuerza de trabajo por tecnologías, en tanto el valor de un producto resida en el trabajo que representa, seguirá existiendo la necesidad de desarrollar la producción en términos materiales y, en consecuencia, de utilizar más recursos. Si se asocia condición humana a la condición capitalista de la existencia, como se hace en el presente, este progreso no es más que el progreso de la sociedad en tanto que sociedad capitalista. Y cuanto más progresa esta sociedad, cuanto más se desarrolla el Capital, más se contrapone materialmente a la existencia de los seres humanos y de la Tierra. Esa es la ideología del progreso: constituir dentro de su propia lógica una esperanza a la resolución de los problemas sociales, presentarse como una continuidad histórica hacia la “mejora”, sin precisar exactamente el significado de “mejora”. Ciertos progresos están basados en necesidades y deseos más o menos alienados, sin embargo, la gran mayoría se desarrolla sobre necesidades del Capital que son presentadas como necesidades inmediatas que de no satisfacerlas se quedaría uno excluido, infeliz y desactualizado. La técnica, que ahora se ha convertido en la ideología de la dominación, proporciona una explicación suficiente para la no libertad, para la incapacidad de los individuos a la hora de decidir sobre sus propias vidas. Durante el siglo XIX y el siglo XX, el progreso de la cultura, la razón… quedaron supeditados al progreso económico. Bastaría un correcto funcionamiento económico para que la cuestión social dejase de dar disgustos. El mismo proceso se repetiría con la técnica, ante el fracaso definitivo de la soluciones económicas. La economía paso a un segundo plano y la técnica se emancipó, siendo la economía una técnica más.

Lejos de que las nuevas tecnologías pudiesen liberarnos de la esclavitud salarial se han implantado cómodamente en el mercado laboral. El liberalismo más tradicional las apoya en pro de aumentar el beneficio abaratando los costes aunque el liberalismo más progresista se alarme porque conducirá al despido en masa de trabajadores prescindibles, no entienden que no hay nada más rentable que la interminable fila de hambrientos dispuestos a malvender su vida por sobrevivir a final de mes.

El conocimiento científico devalúa cualquier otro tipo de conocimiento que no entran en su marco de referencia, es decir la eficiencia y el progreso, explicándolos dentro de sus propios criterios evitando el inevitable ¿Por qué? Y ¿Para qué?. Para ello, la tecnociencia a generado corrientes de pensamiento basadas en la objetividad del acto social aplaudiendo la abolición del individuo como sujeto histórico. Desde el existencialismo hasta el postmodernismo, pasando por el estructuralismo actual; no pretenden contradecir el monopolio de la tecnología sino en todo caso allanar su camino. Todo conocimiento deber seguir un método cuya clave debe ser la puesta a prueba de cualquier afirmación, todo debe ser puesto a prueba. Toda puesta a prueba debe seguir el rigor de la neutralidad y ser objetiva, características que dice ostentar la ciencia, pero en los últimos tiempos la ciencia se ha convertido en un saber con pretensión de verdad hegemónico y ha relegado a un ámbito de los personal, de lo irreal o incluso de lo mágico al resto de los saberes, esto implica que el arte por ejemplo no es válido estrictamente como un saber, como tanto tiempo lamentaron pensadores como William Morris. Es por ellos que la ciencia no es neutral ya que en su afán de progreso se elijen temas orientados a la reproducción del sistema capitalista. Lo mismo podría decirse de todos los científicos en general. Con posibles raras excepciones, sus motivos no son ni la curiosidad ni el deseo de beneficiar a la humanidad sino la necesidad de atravesar el proceso de poder: tener una finalidad (un problema científico que resolver), hacer un esfuerzo (investigación) y conseguir la finalidad (solución del problema). La ciencia es una actividad sustitutoria porque los científicos trabajan principalmente por la realización que consiguen del trabajo en si. Consideremos el caso del Dr. Edward Teller, el cual tenía un obvio compromiso emocional con la promoción de centrales nucleares. ¿Este compromiso contenía un deseo de beneficiar a la humanidad? De ser así, entonces, ¿por qué el Dr. Teller no adquiría este compromiso con otras causas «humanitarias»? ¿Si era tan humanitario por qué ayudo a desarrollar la bomba H? Como con otras muchas proezas científicas, cabe preguntar cómo las centrales nucleares benefician actualmente a la humanidad.

La clase burguesa ha sido substituida por una clase tecnocrática nacida no de una revolución antiburguesa sino de la propia complejidad de la dinámica produccionista imperante, esta no se define por la posesión de los medios de producción o el dinero, sino por su capacidad de gestión y su competencia. Las ideas dominantes no son más que la ideal expresión de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas. La Razón no es eterna, es una producción histórica y será superada junto a su época. Hay algo sospechoso en la Razón moderna; las guerras, el empobrecimiento de las relaciones sociales, la amenaza nuclear o la destrucción del planeta. Ante estas catástrofes la idea del fin del mundo es razonable, pensando automáticamente como mundo en el mundo capitalista, ya que si terminara el capitalismo, montañas y ríos permanecerían pero al dejar de ser “recursos naturales” ya no serían tan siquiera mundo para las concepciones que estamos negando.

Gracias al Estado, que fomentó la investigación a gran escala en el campo de las armas bélicas y a la producción en masa de bienes de consumo, el progreso técnico y científico dio un gran salto haciendo de la tecnociencia la ideología imperante y la principal fuerza productiva. Ello no solamente implica la decadencia del mundo del trabajo y anuncia la obsolescencia del proletariado, sino que también significa el fin del papel del Estado como protector. En la sociedades tecnificadas lo que domina entre individuos no es el carácter autoritario como antaño, sino la personalidad desestructurada, narcisista y abstracta. El dominio del individuo se consigue con el estimulo externo mejor que con reglas que fijen su conducta, como desarrolló Foucault en su estudio del “biopoder”.

Distinguimos entre dos clases de tecnología, que llamamos tecnología de pequeña escala y tecnología dependiente de organizaciones. La primera es la que pueden usar comunidades de pequeña escala sin asistencia exterior. La segunda es la que depende de organizaciones sociales de gran escala. No somos conscientes de casos significativos de regresión de tecnología de pequeña escala. Pero en la tecnología dependiente de grandes organizaciones sí que hay regresión cuando la organización social de la que depende se colapsa. Ejemplo: Cuando el Imperio Romano cayó, su tecnología de pequeña escala sobrevivió porque cualquier artesano inteligente de una aldea podía construir, por ejemplo, una rueda de agua, cualquier herrero hábil podía obtener acero por métodos romanos… y así sucesivamente. Pero la tecnología dependiente de organizaciones Sí que sufrió una regresión..Sus acueductos se desmoronaron y no se reconstruyeron nunca. Se perdieron sus técnicas de construcción de calzadas. El sistema romano de saneamiento urbano se olvidó, por lo que no se hizo hasta tiempos más bien recientes el de las ciudades europeas igual a aquél de la antigua Roma. Por lo que está claro que si el sistema industrial fuera una vez profundamente colapsado, tecnologías dependientes de organizaciones se perderían rápidamente. Y una vez se hubiera perdido por una generación,llevaría siglos el reconstruirla, simplemente como costó siglos el construirla la primera vez. Los libros técnicos supervivientes serían pocos y dispersos. Y la sociedad industrial, si fuera construida desde el principio sin ayuda externa, sólo se podría hacer en una serie de etapas: necesitas herramientas para hacer herramientas para hacer herramientas para hacer herramientas… se requiere un largo proceso de desarrollo económico y en la organización social. E, incluso en ausencia de una ideología opuesta a la tecnología, no hay razón para pensar que alguien estaría interesado en reconstruir la sociedad industrial. El entusiasmo por el «progreso» es un fenómeno particular de la forma moderna de sociedad, y parece no haber existido antes del siglo XVII.

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